La desgracia de mi amada
El Conde de las Letras

Aquel viento solo trajo la desgracia de mi amada
Y belicoso, el frio vaho, en mis pulmones transitaba.
Ni caliente, ni muy frio, ni tampoco muy templado,
Es el cadáver de la muza que mis temas ha inspirado.
Inspiro aquellos poemas que yo hice a complacencia
Me inspiro para estos versos que terminan en tragedia.
Nubes bajas que me abrazan pero nunca en son de paz,
Nubes altas que dividen la línea del bien y el mal.
Es el frio de aquel mármol que atraviesa ya mi pecho,
Lo condena a la condena por el daño que está hecho.
Cuando alejo el pensamiento de la cara de mi amada,
Desde el sueño yo le oigo los sollozos que me llaman,
¡Es la voz!, ¡es esa voz!, ¡es su voz horripilante!
Que me llama como siempre y para siempre recordarme
Que juré y le prometí que yo jamás podría olvidarle,
Que en su tumba, como ahora, siempre yo debía quedarme,
Como amantes, cuerpo a tumba y sobre ella, pecho a cruz;
Esa cruz que ya me quema y me atraviesa a rayo luz.
Pobre alma que está en pena bajo nubes carmesí
Condenado a la condena por mi crimen baladí.
Más viva yo te siento a sabiendas que ya has muerto;
¿Suplicarte? Esfuerzo vano, eso no vale en el infierno.
Pero es cierto que te amé, ¡oh mi bella dulce amante!
Por infiel fue que yo tuve, con pesar, que a ti matarte.
Mar de fuego que atizado por ti ya debe estar;
Hecha leña en ese infierno que hasta allá yo he de llegar.
Te deseo y te venero aunque secos ya los huesos,
Culpa tuya por caer en las redes de aquel viento.
Aquel viento solo trajo la desgracia de mi amada,
Viento vano, hecho hombre, esperó sobre tu cama,
Hasta que tú: mujer ingenua, encendida ya por dentro
¡Respiraste de su aire! y ¡bebiste de su fuego!.
Prometí que te amaría y por eso en ese instante
Aun en contra de tu vida, a favor fui de la sangre.
Los sonidos de la noche se confunden en mi mente
Y respirando de su hedor velaré yo eternamente,
Ahí encima de su tumba he de morir yo también;
Concubina de tinieblas ¿Qué me has dado de beber?
Alguna pócima secreta, algún jugo de corazón,
Sea cual sea tu bebedizo aquí atado aun estoy yo
A la desdicha de mi alma que lento ya se apaga
Por la obra de aquel viento…, por la desgracia de mi amada.

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